
No hay inspiración .
Tampoco epitafios ni poesía verde oliva.
Tal vez nunca habrá nada que me haga sentir viva.
Prefiero inventarme un mundo, un mundo de risas y quebrantos sutiles.
Donde sea una princesa de cabellos dorados y no pierda ni una sola batalla.
No hay inspiración.
Tampoco palabras que pesen menos que el recuerdo.
Recobraré la memoria sólo cuando sea necesario.
Olvidaré nombres , fechas y todo aquello que no alcance.
Se irán todas las cosas , los objetos y las causas.
Han emigrado aquellos ojos que me han perseguido por tanto tiempo.
También dejaron de acompañarme la ausencia y el café.
El destino recobró su cauce y ya no son necesarios los catalejos.
No hay risas ni eternas sincronías.
Tampoco ilusiones ni fotografías.
Todo está cambiando.
Quizás todo está volviendo a su cauce.
Quien sabe si algún día pueda contar una historia sin utilidades ni apatías.
No hay inspiración.
Tampoco circunstancias que sean justas y no mezquinas.
Sólo el espeso y amordazante bosque del sur hacen posible que mis lágrimas no sean remedos de cartulina.